domingo, 2 de febrero de 2014

Sobre la diferencia en caída de producción y destrucción de empleo en la crisis


Se que la mayor parte de los lectores esperan comentarios e ideas sobre lo que va a suceder en los próximos meses, sobre todo cuando las expectativas se ven espoleadas cada día con la aparición de alguno de los muchos datos macro o micro de los que hablan los medios de comunicación y redes sociales. Aparece cualquier dato correspondiente a un mes o al último trimestre de cualquier cosa surgen un montón de opiniones sobre lo que está sucediendo y, en especial, sobre lo que sucederá. Por desgracia para la falta de paciencia de los humanos, los fundamentos económicos no cambian en poco tiempo, de manera que para elaborar un juicio de calidad es preciso acumular datos durante un periodo suficientemente largo y lo que me parece más valioso, hay que intentar disponer de un análisis en profundidad de lo que pasa y pasado, para poder influir sobre las variables adecuadas a través de la política económica.    

Este viernes tratamos el concepto de productividad en la asignatura que imparto en el Máster de periodismo económico de la URJC en Madrid, y dentro de la explicación apareció un dato curioso. Desde el inicio de la crisis (2008-2013), la producción española se ha reducido bastante menos que el empleo (-6,6% real frente a -17,7%). De forma que la productividad por ocupado (PIB/número de ocupados) ha aumentado sensiblemente (+13% en el mismo periodo). Tan amplia diferencia en la evolución de estas dos importantes variables, abre la pregunta sobre cuáles han sido las causas, porque a primera vista se puede concluir que antes éramos bastante malos como país (ineficientes) dado que ahora producimos casi lo mismo con muchas menos personas trabajando.

Hay algo de cierto es esa respuesta, pero la causa principal es el intenso  cambio en la composición del tejido productivo español (Nota 1), de manera que ha cambiado el peso que desempeñan las diferentes ramas de actividad como consecuencia de la disminución en la producción de los antes hipertrofiados sectores de la construcción en esta última etapa (-36,8% real) y bancario (-13,2% real). El impacto es especialmente importante en el caso del sector de la construcción debido a su tamaño dentro del valor total de la oferta productiva española (del 13,6% del VAB español en 2008 al 8,6% en 2012) y en el número total de ocupados (del 11,4% en 2008 al 6,2% en 2012). El sector constructor es el responsable del 77,7% del descenso de la producción total española en la etapa 2008-2012 (-47.018 millones de los -60.479 millones de euros constantes de 2012) y del 42,3% de la destrucción de empleo en el mismo periodo (-1,3 millones de -3,107 millones de ocupados). Para los curiosos, han ayudado a la disminución de la producción total las ya citadas actividades financieras (10,4% del total), fabricación de productos de caucho y plásticos (7,47% del total) y metalurgia y fabricación de productos metálicos (5,4% del total). La caída de la producción en la etapa 2008-2012 no ha sido mayor gracias al buen comportamiento de la mayor parte del resto de las actividades, en especial de administración pública (evita una reducción adicional del 14,4%), transporte y almacenamiento (evita el 9,4%) y suministro de energía eléctrica y gas (evita el 10,4%) aunque ésta última lleve como penitencia para la población el gran incremento del recibo de la luz y el gas.  

El desmesurado peso del sector de la construcción también tiene influencia en el efecto composición de la productividad media por ocupado, porque al ser muy parecida a la media de 2008, la destrucción de empleo en más proporción que el descenso de actividad desde el inicio de la crisis (-53,3% frente a -36,7%) ha provocado un fuerte incremento en su productividad por ocupado en este sector de actividad al haberse concentrado el descenso en la construcción residencial mucho más intensiva en empleo (+35,4%; de 45.934 a 70.114 euros entre 2007 y 2012 ambos constantes de éste último año), lo que ayuda a mejorar la media del total de las ramas de actividad (de 45.635 a 50.876 euros constantes de 2012).


¿Qué significa todo esto? Pues que la oferta productiva española se ha diversificado desde el inicio de la crisis pero se ha hecho más pequeña en tamaño y menos intensiva en mano de obra. Es bueno porque ha mejorado la productividad y es malo porque genera mucho desempleo. La conclusión es de perogrullo pero no deja de ser interesante. La economía española se apoyó en el sector de la construcción para crecer por encima de la media de la Unión Europea y como es un sector muy intensivo en mano de obra, en especial el componente residencial, colaboró a crear mucho empleo mientras hubo crédito fácil y barato y subieron los precios. Cuando la burbuja se pinchó, se llevó la actividad extra y el empleo consiguiente. 

Podíamos haber elegido no endeudarnos, de manera que la economía española no habría crecido tanto como en la última etapa expansiva pero en contrapartida ahora tendríamos la posibilidad de acudir al crédito para mejorar nuestra posición. También podíamos haber elegido endeudarnos para mejorar nuestra capacidad de producir más y mejores bienes y servicios, de esa forma tendríamos deuda pero también más producción y empleo para devolverla en el menor tiempo posible. Pero de las tres opciones disponibles se eligió la peor, endeudarnos para crear una burbuja de precios inmobiliarios que ha terminado en menos producción y menos empleo.
  
Después de un ingente y duro proceso de devaluación interna nos hemos quedado con un tejido productivo competitivo pero pequeño para nuestras necesidades de empleo y además hipotecados con una montaña de deuda que restringe nuestros márgenes de maniobra para consumir e invertir. Moraleja, no utilizar nunca más ese modelo de crecimiento y si es posible pedir responsabilidades a quienes lo decidieron.    


Nota 1. Los datos desagregados tienen como fuente la Contabilidad Nacional de España del INE. El último año publicado es 2012

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