domingo, 21 de diciembre de 2014

Factores de influencia en la actividad y empleo de la economía española en el próximo año

Entrada elaborada después de ampliar las respuestas enviadas al diario El Mundo acerca de la posible evolución de la economía española y el empleo en 2015 recogidas en su edición del 21 de diciembre (aquí y aquí) y artículo del diario 20 Minutos (aquí).

El presente año 2014 acabará con un tasa de crecimiento de la actividad económica en España más favorable de lo esperado antes de su inicio (alrededor del 1,3% del PIB real). Igual sucederá con el empleo cuyo aumento en media anual medido en puestos equivalentes a jornada completa (0,7%-0,8%) supera las expectativas previas al comienzo del año. La evolución anual de estas dos variables genera un modesto incremento de la productividad aparente de factor trabajo (PAFT) muy similar al acostumbrado en la última etapa expansiva. El hecho de acabar el año con un deflactor negativo del PIB (mínimo del -0,6%) puede generar la paradójica situación de 
conseguir un crecimiento nulo de la productividad nominal al igualarse las tasas de crecimiento de empleo y la producción. Un resultado bastante atípico -las empresas contratan para dar cobertura a una mayor producción- que me atrevo a explicar por un cierto efecto embalsamiento en la oferta de empleo propiciado por la fuerte destrucción de empleo sufrida en años anteriores que permitió un intenso crecimiento (pasivo) de la productividad desde el inicio de la crisis.   



El cambio de ciclo observado en 2014 es una buena noticia pero todavía no constituye motivo suficiente para afirmar que hemos superado la grave crisis sufrida por la población española, aunque sólo sea porque la tasa de desempleo roza el 24% de la población activa. Esta constatación no impide ser un poco más optimistas ante el futuro, sobre todo, si acompañan algunas variables externas y la política económica donde se incluyen las decisiones de los agentes sociales y económicos) apuesta por priorizar el empleo.

Los fundamentos de la economía española han mejorado sensiblemente respecto a la situación en la que se encontraba al inicio de la crisis, como demuestra, sobre todo, la eliminación del abultado déficit con el exterior (saldo de bienes y servicios de -6,3% en 2007 a 1,3% en 2014). Este dato refleja una economía con capacidad para competir con terceros y, por tanto, crear empleo; aunque como no todo puede ser bueno, al haber estado la mejora muy apoyada en el precio de los productos (devaluación interna), la baja productividad ha estado acompañado de una reducida remuneración de los factores productivos (trabajo y capital). Otra cuestión distinta es la distribución entre ambos de la nueva renta creada, o del porcentaje de esa nueva renta dedicada a la reducción de la inmensa deuda acumulada por empresas y familias. En condiciones de menor endeudamiento, la mejora se habría trasladado más rápidamente a inversión pero el obligado proceso de desapalancamiento ha reducido claramente esa posibilidad restando dinamismo al proceso de recuperación.

La economía española afronta el nuevo año con varios factores favorables. Tiene a favor su mejor posición competidora acompañada de una progresiva recuperación de los nuevos créditos bancarios, después del lento proceso de recapitalización y cobertura de fallidos costeado en buena parte por los contribuyentes. También parece factible y lógico un cierto repunte de la actividad constructora después de su hundimiento al caminar hacia una normalidad más razonable. La depreciación del euro (casi un 15%) y la bajada del precio del petróleo son también factores favorables que se pueden aprovechar en el corto plazo. En contra de la recuperación, la economía española mantiene la restricción generada por la todavía elevada deuda de los agentes económicos privados y del sector público (amortización y gastos de financiación) aunque el peso se haya minorado sensiblemente debido a los muy bajos tipos de interés.   

Por otra parte, el grado de incertidumbre en la actividad mundial sigue siendo alto con un puñado de países emergentes acosados por el menor rendimiento de las materias primas y una burbuja previa de precios internos. Por eso en última instancia, el nivel de crecimiento de la economía española en 2015 dependerá mucho de circunstancias externas. El resultado final dependerá de un cambio hacia una política más expansiva de los "países sanos" de la Unión Europea junto con una cierta recuperación de la inflación creada por la política del BCE, y el comportamiento del resto del mundo en un contexto de retirada de la política monetaria expansiva en EEUU, altos precios de los activos financieros en las bolsas de valores y elevada deuda en general.


La creación de empleo en 2015, el objetivo prioritario de una sociedad castigada con un alto desempleo, dependerá de cómo se manejen los margenes disponibles a corto plazo. Un hipotético crecimiento del PIB del 2% (nominal y real al ser factible acabar el año con una inflación cercana a 0%) permite una creación de empleo máxima del 1,6% (equivalente a tiempo completo) para conseguir un mínimo del 0,4% de aumento de la productividad. Ese porcentaje sería la nueva renta disponible para remunerar a trabajo (salarios) y capital (excedente bruto de explotación). Cualquier otro implicaría una modificación de la actual estructura distributiva; algo que podría ser factible en algunas empresas pero no en otras, con las consiguientes consecuencias negativas sobre el empleo.
   
El mercado laboral español tiene dos grandes deficiencias: 

  1. un tejido productivo insuficiente en relación con el tamaño de la población tal y como refleja la tasa de desempleo, que además, tiene muy pocas empresas medianas,
  2. y una negociación colectiva poco amplia y profunda que adolece de la suficiente flexibilidad interna para conseguir integrar a los trabajadores en el proyecto empresarial y suavizar los efectos del ciclo económico mediante un mayor uso del precio (salarios y excedente) frente a la cantidad (empleo y desaparición de la empresa). 

La insuficiente capacidad para competir en el terreno de los productos con mayor valor añadido nos sigue haciendo muy dependientes del precio de los bienes y servicios. De esta forma, es más factible que el empleo pueda mejorar más en el próximo año en los sectores de hostelería y comercio, aunque también se están apreciando algunas mejoras en algunas industrias después del intenso ajuste realizado en empleo desde el inicio de la crisis. La construcción también mejorará su aportación al empleo debido a la progresiva recuperación del segmento de construcción residencial (no es una nueva burbuja sino una cierta normalización de la actividad) y la incidencia en la obra civil al ser 2015 un año electoral.

Un último comentario, el crecimiento de la actividad económica española en 2014 ha estado apoyado en mayor medida en la demanda interna con el consiguiente deterioro del ligero superávit conseguido en el saldo de la balanza de pagos con el exterior. Comprobada la escasa memoria histórica que campa en este país, conviene recordar que este cambio ha sido posible gracias al tremendo esfuerzo realizado previamente al aplicar una política de devaluación interna de precios en una situación extrema. Una situación en la que cabían muy pocas opciones después del desastre acumulado con la política económica aplicada en el periodo 2000-2008 por los sucesivos gobiernos. Para poder respirar primero había que salir del pozo porque había peligro cierto de ahogamiento.   

El crecimiento de la economía española en 2015 puede ser mayor o menor pero no se debe olvidar que su sostenibilidad futura pasa por mejorar los cimientos macroeconómicos y conseguir un reparto de la riqueza creada asumido por la sociedad. En el primer plano hay que procurar no romper el equilibrio alcanzado entre el componente interno y externo, porque de otra forma se volvería a incurrir en una deuda con el exterior que no creo fuera posible sostener durante demasiado tiempo, y transitar en una senda de progresiva consolidación fiscal. El sufrimiento de la actual crisis nos debería haber enseñado que los incrementos en la demanda (consumo e inversión) deben estar acompañados de cambios en la oferta productiva española que permitan absorber las expansiones para no generar más deuda y depender de la financiación de terceros. Un cambio en la oferta que no debe olvidar los precios finales de nuestros productos pero tampoco la adopción de las medidas más estructurales para mejorar su valor añadido y disponer de más renta para repartir.

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