miércoles, 23 de enero de 2008

A veces, me gustaría ser como un niño


A veces me gustaría ser como los niños pequeños que reclaman sus deseos como si fueran necesidades, y chillan o lloran sin más cuando no alcanzan esas pequeñas o grandes cosas, que en cada momento conforman su mundo. Un mundo corto, estrecho y efímero que sustituirán rápidamente por otro en muy breve tiempo porque su tiempo solo es presente, en un ejercicio interpretable como mecanismo de defensa para no verse entrampado en la dinámica de una vida que intuyen demasiado exigente. Los niños no son cosas tontas, al contrario son personas, y  muy listas, a las que hay que poner en su lugar, a las que hay que orientar y sobre las que hay que ejercer continuamente el principio de autoridad. De esto, me temo sabes tu bastante aunque creo puede que te preocupe más comprobar la falta de conocimiento o compromiso de los padres.

La condición humana es insaciable y quizás me gustaría poder contarlo detalladamente con grandes ojos ilusionados a alguna persona que lo recibiera con cariño. El impulso viene de contar esta tontería, y alguna otra, mientras miraba tus ojos y la expresión de tu cara. Puede que sea porque pienso me hubieras entendido.

No, creas que el día ha sido desastroso, todo lo contrario el día ha sido bonito: me lo pasé bien de vacaciones, esquiando en un día de trabajo con la sensación de ser un adolescente que ha hecho novillos en el colegio.

Ya sabes, rabietas de niño. Disculpa el atrevimiento.

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