viernes, 28 de septiembre de 2012

Reflexiones de un amigo que cumple 53 años



Reflexiones de un amigo que cumple 53 años

Tengo un amigo que hoy cumple 53 años. Es una persona normal con alguna tendencia compulsiva que tiene las contradicciones habituales en las personas (humanas). Los cumpleaños tienen su rito y simbología porque formalmente comienza un año nuevecito (como los romanos de Asterix) donde se puede uno plantear nuevos retos aunque también aparece la tentación de mirar un poco hacía atrás, sobre todo, cuando vas acumulando ya una edad.

Este amigo dice estar agradecido a la vida porque le ha concedido muchas experiencias, momentos alegres, conocer muchos lugares y algunos buenos amigos (esas personas que siempre están dispuestas a ayudar y darte cariñitos cuando lo necesitas). Está contento también porque siempre ha tenido personas que le han querido y cuidado, y él ha tenido personas a quien querer y cuidar. Este amigo considera que disfrutar del amor es el mayor privilegio al que puede acceder una persona. En este plano todo es positivo aunque lamenta el daño que ha podido hacer a alguna persona que no lo merecía.

La conversación con él me descubrió también que se siente satisfecho del esfuerzo y el trabajo que ha realizado en su vida por mejorar su conocimiento. La sombra, sin embargo, apareció en su cara cuando me contó su decepción con la evolución de una sociedad pueril y acomodada que huye de sus responsabilidades y permite unos gestores de sus intereses mediocres y aprovechados. En ese campo me contaba que mantiene su interés por la mejoras civilizatorias que, en su opinión tienen que estar acompañadas de una mayor calidad de vida de la población. En esa tarea, continuaba en su monologo, mantiene su creencia en la necesidad de disponer de instituciones sólidas con participación de partidos políticos y organizaciones sociales y económicas. Pero el tono se convirtió en reproche cuando analizaba la experiencia en ese terreno. Pobre y desalentadora. La población se ha convertido en rehén de intereses particulares y clientelares articulados alrededor de estas organizaciones. Los mediocres han ganado el terreno a las personas valiosas y se han adueñado de la escena. El poema de Machado se ajustaba a la situación: Mala gente que camina y va apestando la tierra...

Ante tamaño desatino rebajaba el desaliento provocado por el resultado de sus años de trabajo, esfuerzo e ilusión dedicados a la deseable tarea de mejorar la vida y convivencia de las personas. Me recordaba lo difícil que le ha sido asumir el cinismo de unos compañeros de viaje que priorizaron formar parte de la elite olvidando intentar aplicar el discurso que les ha permitido acceder a ella. En especial recalcaba, no se puede estar satisfecho del trabajo en mejorar la educación de la personas a la vista de la conducta de la actual sociedad y, parece más bien que el objetivo proclamado de aumentar el conocimiento, no solo camina a la cola de las inquietudes de quienes lo pregonan sino que lo tienen situado al principio de la relación de cuestiones a evitar.    

De todos modos continuaba en su exposición que yo escuchaba con atención, él sigue creyendo en los mismos valores individuales y colectivos, aunque cada vez aprecie más la educación y el respeto de las personas y, haya ganado posiciones en su ideario, la necesidad de reconocer el esfuerzo personal en contra de un concepto de igualitarismo nunca bien definido en la práctica. Valores que buscar mientras se intenta disfrutar de esas pequeñas cosas que llenan la vida.

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