lunes, 4 de marzo de 2013

Esfuerzos desequilibrados en la mejora de la competitividad

Los datos de Contabilidad Nacional de España en 2012 contienen alguna buena noticia y muchos elementos de preocupación. La reversión del saldo con el exterior hasta conseguir un superávit, es una gran noticia conseguida mayoritariamente por la mejora de las exportaciones (dos terceras partes del total). Después de 13 años de saldos negativos con el exterior (37,1 puntos del PIB acumulados), la economía española gracias en buena parte a la profunda ganancia en la productividad por ocupado (12,1% desde 2008), ha dejado en 2012 de filtrar riqueza al exterior de su demanda interna y tampoco ha necesitado financiación del exterior; aunque mantiene la gran deuda acumulada con terceros países (el saldo neto supera los 950.000 millones de euros).

El resto son preocupaciones. La actividad productiva se mantiene en descenso por sexto trimestre consecutivo (-1,42% de media en 2012) y la destrucción de empleo sigue siendo estremecedora (827.500 ocupaciones al final del ejercicio) también influida por el uso del perfil pasivo en la mejora de la productividad por ocupado.

El motivo de esta entrada no es éste. Quiero concentrar la atención en la relación entre costes laborales, inversión no residencial y evolución de los precios. La economía española necesita ganar cuota de mercado y, a corto plazo, la mejora comparada con terceros de nuestros precios es casi el único factor al que podemos acceder al no poder cambia de repente nuestra dotación de capital y tecnología. Para hacerlo es preciso que la retribución de los factores se acomode a este objetivo. El resultado en 2012 muestra que los costes laborales lo han hecho y, mucho, como refleja la disminución de la remuneración de los asalariados (-27.582 millones). Una parte de su esfuerzo se ha perdido con la disminución de la actividad (-12.151 millones), otra ha ido al pago de impuestos (5.025 millones) y el resto a la mejora del excedente bruto de explotación y las rentas de los trabajadores autónomos (10.406 millones).

El intercambio de renta entre trabajadores y empresarios puede ser interesante para los primeros cuando se dirige a inversión, ya sea de reposición o ampliación de la capacidad productiva, porque de esa manera las empresas están mejor preparadas para competir e, incluso pueden hacerlo con bienes de más calidad. La información disponible indica que no ha sido así, por lo menos en las grandes cifras. La inversión distinta a la construcción, la de bienes de equipo y activos fijos inmateriales, no sólo no ha aumentado sino se ha reducido en 2012 (-2,9%; -2.283 millones de euros). De esta forma, se puede suponer que el destino de la transferencia de los trabajadores ha sido el beneficio distribuido por las empresas o el pago de sus deudas.

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Para analizar la evolución de los precios no quiero utilizar el mal dato del IPC (2,9%) al haber estado afectado por la subida del IVA y de algunos precios públicos. Aunque no es descabellado pensar que el incremento de 2 puntos en el primero debería haber sido absorbido a medias por los principales factores, el trabajo y capital. Algo que se intuye no ha sido así. Por eso prefiero utilizar el índice de precios de la producción interna (deflactor del PIB: 0,3% nominal) que nos muestra una gran colaboración de la remuneración de asalariados para estabilizar los precios (-2%), en contraposición al excedente empresarial (1,6%) y los impuestos sobre la producción (0,6%). En palabras más coloquiales, los empresarios españoles no se han comprometido lo suficiente con el esfuerzo de moderar los precios para ganar competitividad. Por supuesto es un análisis agregado y, seguro que ha habido empresarios que lo han hecho, pero los que no han colaborado en el empeño han entorpecido el esfuerzo del resto de las empresas y, sobre todo, de los trabajadores.

Conviene recordar que salir del profundo pozo en el que estamos es tarea de todos, no debe recaer sólo en los trabajadores y una parte de las empresas.

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