lunes, 18 de febrero de 2013

Malas prácticas y regulador bancario

Un amigo me contaba el otro día su preocupación por la falta de crédito que sufren los ciudadanos y las empresas españolas sin entender por qué habíamos llegado a esta penosa situación. También hablaba de la enorme cantidad de dinero que ha habido que poner en algunas cajas de ahorro para evitar su quiebra. Su preocupación era palpable aunque creo que no era consciente de lo ingente de la cantidad aportada por los ciudadanos españoles (supera los 67.000 millones de euros) y el perverso impacto sobre la actividad y el empleo.
Intenté explicarle las causas. 

El actual bloqueo de crédito es el efecto de una política poco prudente en la gestión del crédito durante buena parte de la última etapa expansiva, por lo menos a la vista de las grandes cifras. Un aumento de 1,5 billones del saldo vivo en préstamos en tan sólo 12 años (1996-2008) necesita de mucha dedicación. Acumular ese incremento de préstamos en tan poco tiempo (+105% del PIB) tiene mérito, bueno, más bien demérito, vistas las actuales consecuencias. Mas aún cuando la mayor parte del crédito concedido era hipotecario (+936.963 millones de euros) y una parte de los inmuebles relacionados con los créditos tiene ahora un valor inferior al consignado en el préstamo. 

Se escuchaba en la calle que las agencias de tasación de los inmuebles tenían relaciones muy cercanas con las entidades que concedían los créditos hasta superar con creces el valor adjudicado a la vivienda, para que así el banco o caja de ahorros pudiera cumplir con la obligación de no superar el préstamo el 80% de su valor teórico. También dicen que algunas entidades no miraban en exceso que la cuota a pagar no superara el 30% de los ingresos del beneficiario del crédito, o no examinaban con el suficiente detalle la calidad del balance de la promotora que solicitaba la financiación.
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La acumulación de préstamos hipotecarios concedidos con criterios laxos ha terminado por deteriorar el balance del sistema financiero, con el consiguiente efecto sobre el corte en el crédito, pero además en algunos casos, la mala gestión ha sido determinante para explicar una muy delicada salud que ha hecho necesaria la inyección millonaria de nuevo capital. Es el efecto de malas prácticas de gestores y del insuficiente control de los órganos de administración, pero además estuvo acompañada de un ineficaz cumplimiento de las tareas del regulador público, el Banco de España. Es cierto que los bancos españoles contaron con amplia financiación del exterior, pero le explico a mi amigo que se me hace difícil comprender cómo no le generó preocupación al regulador una tasa media anual de crecimiento del 17% en los medios de pago (en ese periodo hubo dos gobernadores, elegido cada uno por uno de los partidos mayoritarios). El Banco de España tenía capacidad para apagar la música y parar la fiesta, porque como le explico también a mi amigo, hay un regulador público porque los problemas del sistema financiero al final son un problema de todos, no solo porque la confianza es básica para su funcionamiento sino porque además, el sector público garantiza el dinero de los depositantes. En suma, tiene que cuidar que se trate con mimo ese dinero. Para qué si no, queremos un regulador público.

Le explico por último que todavía queda un poco de tiempo hasta que se recupere el equilibrio en los balances de las entidades financieras y con él, el comienzo de la normalización del crédito. Algo que por otra parte, no va a liberar a la sociedad española de la pesada carga de la deuda privada en un periodo largo de tiempo.  

Veo que el enfado de mi amigo va creciendo a medida que le voy contando todas estas cosas, y creo que comprendo su enfado.

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