lunes, 22 de julio de 2013

Inversiones buenas y menos buenas

Lo único positivo de sufrir una recesión tan dura como la actual es aprender de los errores para mejorar en todos los aspectos. En línea con este propósito, puede ayudar desmontar algunos tópicos económicos instalados entre la gente que no siempre son ciertos.

Una de las principales características de la anterior etapa expansiva fue la intensa actividad inversora de la economía española (25,1% del PIB de media anual) que alcanzó su punto máximo en 2007 (30,7% del PIB).

La idea más extendida entre la opinión pública es la de identificar inversión con una buena decisión que, por tanto, se debe apoyar siempre. De hecho en el duro momento actual de recesión se escuchan a menudo voces abogando por recuperar la inversión como requisito imprescindible para salir de ella. En la práctica esta visión es parcial porque aunque pueda tener consecuencias positivas a corto plazo, su mayor o menor bondad depende de cuál sea el destino final de los recursos utilizados y la capacidad de pagarla con el ahorro del país.

Todo el aumento de la inversión española desde 1999 a 2007 se concentró en la construcción (del 11,5% en 1007 al 22,2% en 2006), como demuestra que la dirigida al resto de los destinos posibles incluso disminuyó (-3,2% del PIB en el mismo periodo). De esta manera, la suma de inversión en bienes de equipo y la dirigida a otros lugares más intangibles como la I+D+i perdieron peso en relación con el PIB. Esta evolución fue compatible con un ligero aumento en términos nominales al mantener este componente de la inversión una tasa de crecimiento inferior a la del PIB (cosas del álgebra).


Vuelvo a lo que quiero destacar. Dentro de las inversiones en el sector de la construcción, el mayor incremento se concentró en la construcción residencial (+6,7% del PIB) aunque el componente de inversiones dirigido al capítulo de otras construcciones también mantuviera un intenso crecimiento (+2,6% del PIB). Las consecuencias de la desmesura en la construcción de viviendas residenciales están ya muy habladas aunque conviene recordar por enésima vez que, además del aumento en los precios, nos ha quedado una gran deuda a pagar y un severo deterioro de una parte significativa del sector financiero español.

Queda el componente de inversión dirigido a la construcción no residencial que llegó a un máximo del 9,7% del PIB en 2007. Mucho dinero sin duda que en una parte importante tenía como origen el sector público (40 por ciento en 2007). Nada reprochable en teoría porque el sector público puede mejorar la eficiencia y equidad de un país gracias a sus decisiones. El problema viene cuando se analiza el uso concedido a los por ese tiempo abundantes recursos económicos disponibles por los distintos niveles de gobierno (AGE, CCAA y CCLL). La proliferación de aeropuertos, puertos, trenes de alta velocidad, estaciones, polideportivos, piscinas y campus universitarios, no coincidía con las necesidades y prioridades del país. Menos aún cuando algunas noticias disparan las suspicacias del personal sobre el precio pagado, ya sea porque algunas fueron encargadas a autores célebres o porque se advierta ahora de algunas posibles irregularidades al analizar con más detalle los pliegos de condiciones y su ejecución posterior.



Una concentración de inversiones en usos manifiestamente mejorables en comparación con el mal trato concedido a la tan reclamada (y manida) I+D+i que ni siquiera en los mejores momentos del ciclo expansivo disfruto de un trato preferencial, en especial por el sector privado donde se concentra la mayor distancia con la media de los países de la Zona Euro.

Un país se puede endeudar para realizar inversiones que mejoren su potencial de crecimiento, es decir, debe pedir prestado cuando su ahorro no es suficiente para sufragar el esfuerzo inversor porque como será mas rico después el esfuerzo de devolución será más pequeño. Los españoles elegimos la peor de las opciones en la anterior etapa expansiva porque nos hemos endeudado mucho para tener casas con un precio devaluado y demasiadas infraestructuras no prioritarias. Ahora tenemos que abordar cómo pagar la deuda, un asunto que nos lastra nuestras posibilidades de crecimiento a corto plazo pero, además, debemos llegar a una conclusión muy, muy importante: no todas las inversiones son buenas, de manera que hay que elegir cuidadosamente donde se dirigen nuestros recursos y, por supuesto, cómo se gasta.







 



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