martes, 23 de julio de 2013

No todos son iguales

La sociedad española tiene poca memoria histórica. La discusión sobre las causas de esta conducta es larga y compleja. Unos dicen que somos así, otros que son los medios de comunicación quienes la crean, mientras que otras opiniones señalan a la mala influencia de la política como origen de ese comportamiento. Me quedo simplemente con el hecho de ser un elemento negativo que limita la capacidad para tomar decisiones correctas y, por consiguiente, es una rémora para los intereses de la mayoría de la población.

La llegada de la crisis en el segundo trimestre de 2008 estuvo acompañada de una cantinela muy utilizada en distintos ámbitos (política, medios de comunicación y expertos en economía), que más o menos decía que nadie podía prever la llegada de la crisis a la economía española. Una posición bastante socorrida porque pasada la etapa inicial de echar la culpa al enemigo exterior (léase crisis financiera internacional) se concentró posteriormente en considerar la crisis como un hecho sobrevenido. Según esa teoría, el deterioro de los fundamentos de la economía española había sido cosa casi de brujas y, nadie en su sano juicio podía anticiparla. menos por tanto, denunciar en tiempo y forma lo que se podía estar haciendo mal, para poner solución antes de sufrir las negativas consecuencias. Es fácil imaginar que ese planteamiento permitía eludir la asunción de responsabilidades sobre el desastre que comenzaba a llegar a la sociedad española que, desgraciadamente, todavía sufre, en especial, los 6 millones de personas en desempleo.

La relación sobre conductas de este tipo es larga. Son memorables las declaraciones de destacados miembros del Gobierno sobre la solidez del sistema financiero español cuando comenzaba la crisis o, las realizadas antes de su comienzo por importantes cargos del Banco de España, entre los que se encontraban los dos anteriores Gobernadores, quitando importancia al endeudamiento de las familias y al aumento en el precio de las viviendas porque consideraban que en paralelo, aumentaba el valor de sus activos, es decir, del valor de la vivienda comprada (que no pagada). No se les pasó por la cabeza, aunque seguro que alguien se lo comento, un escenario de caída en el precio mientras permanecía la deuda, como ha sucedido en la práctica.

La opinión sobre lo bien que iban las cosas para la economía española (ya saben se pasó de España va bien a España va mejor) debía ser compartida por muchos expertos en la materia, a la vista de su continuo silencio durante la larga etapa expansiva. Para estas personas y organizaciones no era importante que el precio de la vivienda se duplicara en términos reales en la etapa 1994-2008 (el aumento fue de 3 veces en términos nominales), como tampoco que los préstamos hipotecarios se multiplicaran por 10, al pasar de 98.261 a 1.089.284 millones de euros. Su análisis, sin embargo, se concentraba en alabar el fuerte aumento de la actividad económica, la recaudación impositiva y el empleo, sin atisbar -por lo menos eso parece- algún peligro por el intenso deterioro de los fundamentos económicos.

Pero no a todo el mundo le pasaron desapercibidos estos pequeños detalles. Algunos advirtieron públicamente los peligros cuando todavía se podía actuar sobre ellos e, incluso, se les ocurrió proponer un cambio de modelo productivo para crear una economía más solida a largo plazo. Adjunto una prueba, en el capítulo de conclusiones del libro Situación de la economía española. Presupuestos Generales del estado 2004 (García, Martín y Zarapuz) publicado en noviembre 2003, se decía entre otras cuestiones las que adjunto a continuación.









Conviene recordar que el texto adjunto está redactado en noviembre 2003 cuando el saldo de los préstamos hipotecarios no superaba el 40% del máximo histórico conseguido en 2008 (430.901 frente a 1.089.84 millones de euros) y el saldo de la balanza de pagos alcanzaba un déficit del -3,9% del PIB (porcentaje modesto cuando se compara con el -9,6% del PIB de 2007). Un apunte importante, la advertencia no tenía un mérito intelectual especial porque aunque al final del segundo párrafo de la página 215 de advertía sobre la posibilidad de caer en una recesión, la conclusión se apoyaba simplemente en la observación objetiva de los datos disponibles y en el manejo de conceptos básicos de teoría económica desde el sentido común.


La documentada y coherente exhortación calló en saco roto, y los Gobiernos siguientes mantuvieron una política todavía más intensa para inflar la burbuja como demuestran las estadísticas. Las decisiones adoptadas desde esa advertencia por los distintos niveles de gobierno con los que cuenta España intensificaron la burbuja, contando con el mismo "clamoroso" silencio de los expertos afines al nuevo gobierno que habían mantenido los de la anterior administración. Creadas todas las condiciones para el desastre, ahora, leemos y escuchamos enjundiosas recomendaciones de expertos sobre como salir de la crisis aunque algunas de las cuales eluden analizar la gravedad de los hechos, es decir, el punto de partida actual, para, entre otras cuestiones, no tener que explicar lo sucedido en periodos precedentes.

Una de las coletillas que ha tenido también éxito entre la opinión pública española en los últimos tiempos es la de "todos son iguales". Un gran error en mi opinión porque reduce la posibilidad de decidir y actuar en un momento trascendental en la historia de este país, pero también porque creo en los incentivos individuales y colectivos como forma de desarrollo. La sociedad española debería ser menos sectaria en sus juicios e incorporar más rigor en el análisis , a la vez que reconocer el esfuerzo y la coherencia de las personas antes de convertirlas en ídolos o villanos, porque de otra manera, será difícil construir un lugar donde merezca la pena vivir.




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