jueves, 26 de septiembre de 2013

Merkel, austeridad y reformas

El domingo pasado la Señora Merkel revalidó su victoria en las elecciones generales de Alemania con un resultado aún más favorable para su partido (y para su persona). A la espera de conocer su socio de gobierno, dado que se ha quedado al borde la mayoría absoluta, la ganadora ha hecho una primera declaración donde afirma que la política europea seguirá igual y demanda a los socios que realicen las reformas aplicadas por su país.

En esta tesitura cabe la posibilidad de cubrir de insultos a esta señora por su falta de sensibilidad con los problemas europeos y de paso echarle la culpa de todos los males que sufrimos los países del sur. No es mi opción porque creo que, por lo menos en el caso español, hemos hecho muchos méritos para caer en el actual desastre, aunque tampoco comparto algunos de los criterios que maneja la Señora Merkel. Por tanto, ya sé que mi reflexión sobre el asunto será considerada anatema pro quienes apoyan todas sus propuestas en lo que tienen que hacer lo otros, obviando de esa forma la responsabilidad de buscar solución a tus problemas y apoyar las oportunas decisiones.

Concentro mi interés en algunos aspectos de su discurso. La Canciller alemana reclama reformas en Europa y el estado de la Unión Europea confirma esa idea. Como me parece imprescindible la idea de una Europa fuerte para navegar un mundo cada vez más globalizado, La cuestión es consensuar cuales son esas reformas, para lo que previamente se necesita conocer cuál es el modelo de sociedad y de relaciones económicas que se pretende alcanzar.

Cualquier sociedad debe tener una economía con suficiente capacidad de generar ingresos que le permitan vivir de manera autónoma mediante la venta de sus productos. En síntesis esta idea es lo más parecido al término competitividad. A la vez, si la sociedad apuesta por una distribución equilibrada de la renta a nivel personal y territorial, debe incorporar instrumentos adicionales para que toda la población acceda a las ventajas del crecimiento económico. Empleo para quien quiere trabajar con una retribución que le permita una vida digna y políticas redistributivas cuando no se alcance el reparto deseado por la sociedad que dependerá de cual sea su nivel de aversión a la pobreza.

El concepto de austeridad no es incompatible con ninguno de estos objetivos. Es más, para mí forma parte de los valores que sostienen una sociedad sana y justa, al entender austeridad como el ejercicio de adoptar las decisiones que no hipotequen tu futuro. Ser austero como elemento estructural de tu conducta no es sinónimo de sufrimiento y, más bien caer en el exceso como hizo la economía española en la anterior etapa expansiva es lo que provoca un enorme sufrimiento posterior para corregir la deriva. La austeridad no es incompatible con un buen grado de crecimiento de la economía y de equidad en el trato de las personas. Conviene, por tanto, no confundir las causas con las consecuencias y tampoco criminalizar palabras sin motivo.

Las reformas en la Unión Europea deben eliminar la posibilidad de utilizar atajos para conseguir altas tasas de crecimiento a corto plazo acumulando mucha deuda, porque de otra manera es muy complicado alcanzar acuerdos para mutualizar los riesgos entre los países miembros. Esta afirmación, sin embargo, es compatible con incurrir en un porcentaje razonable de déficit cuando se genere por la aplicación de políticas de gasto que aumenten el potencial productivo de un territorio o, se utilice como estabilizador automático para afrontar las etapas de crisis.

Las reformas solicitadas por la Señora Merkel pueden ser compatibles con más Europa, es decir, más unión bancaria, más unión fiscal y más unión política. El concepto de reforma es también compatible con un sector público saneado pero potente en su capacidad de actuación porque en definitiva se trata de proponer políticas de gasto público, a la vez que se dotan los ingresos necesarios para sustentarlas (principio de suficiencia). Los encargados de ejercer el gobierno -no solo el Ejecutivo- deben dar la cara ante la población y explicar la bondad de sus políticas de gasto para solicitar el esfuerzo de la población mediante el pago de los correspondientes impuestos. La austeridad no es incompatible con este modelo de funcionamiento; al contrario, lo fortalece y algunas críticas contra el concepto suenan a un alejamiento de la responsabilidad de tomar decisiones impopulares.

Las reformas estructurales, no obstante, deben ser compatibles también con encontrar una salida a los actuales problemas creados en el pasado reciente, entre otros motivos, por las deficiencias conocidas de la Unión Económica y Monetaria. En este terreno, los países más endeudados necesitan oxigeno para no estrangular sus posibilidades de crecimiento. Oxígeno facilitado mediante una política monetaria más expansiva concretada en la compra por el Banco Central Europeo de créditos hipotecarios y de PYMES junto a la ampliación temporal de la LTRO con objeto de superar la restricción de crédito que campa en toda la Unión Europea y, con mayor intensidad en países como España. Creo imposible aspirar en este momento a la emisión de Eurobonos aunque pienso que sería la consecuencia lógica en el futuro, en caso de producirse los necesarios avances en unión fiscal y monetaria. La mutualización de la deuda debe estar acompañada del control de los procesos para limitar el riesgo y, de esta forma, reducir incentivos del sector privado y público a superar determinados límites (moral hazard).

Los países periféricos necesitan oxígeno aportado también por una política fiscal algo más expansiva apoyada en los países europeos con fundamentos macro más sanos, que permitan maximizar el esfuerzo realizado por aquellos que han realizado esforzados procesos de devaluación interna para mejorar su posición comercial con terceros y no depender de la financiación externa.

Los países de la Unión Europea deben hacer frente al nuevo escenario de globalización donde los países emergentes han ganado mucha cuota de mercado y, para ello, es necesario en primer lugar ser conscientes de la importancia de ese reto y después adecuar el tejido productivo a esa nueva situación. Obviar este peligro, significará que otros territorios, en términos coloquiales, nos "comerán la merienda". Pero a la vez que se responde a este crucial desafío a nivel nacional, es preciso incluir en el proyecto europeo mecanismos conjuntos para reducir las diferencias la capacidad productiva de los países miembros a través de elementos adicionales a la citada reducción de precios internos. Dada la necesidad de aumentar el valor añadido de los productos europeos, la política de I+D+i no debería tener el mismo tratamiento que el resto de las inversiones y debería contar con una política supranacional que incluya un tratamiento distinto dentro de la evaluación del sistema fiscal.

El futuro de la Unión Europea no puede sustentarse en las diferencias comerciales entre países a las que hemos asistido en el pasado porque ha sido una de las causas del desastre. La saldos comerciales tan desequilibrados provocan ineludiblemente una relación de acreedores y deudores imposible de sostener en el tiempo. La reducción de asimetrías o, lo que es lo mismo, el proceso de convergencia productiva debe tener un mayor protagonismo en la construcción de la Unión Europea incluyendo disponer de transferencias supranacionales.

Convencer a Alemania de la bondad de tomar las medidas mencionadas en el plano supranacional europeo a corto y largo plazo será más fácil si se evitan insultos y descalificaciones a sus opiniones, y se acompaña el discurso de la convicción de mantener el esfuerzo nacional para solventar las deficiencias acumuladas en un largo periodo de decisiones no acertadas o directamente erróneas. La tarea es complicada porque entre otros motivos, se enfrenta a las trabas de tendencias nacionalistas cada vez más fuertes, pero la suma de ambos elementos abriría una perspectiva futura bastante más favorable para todos.    



















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