viernes, 11 de julio de 2014

¿es preocupante el crecimiento de las importaciones?

Esta entrada es una ampliación de mi opinión recogida en el blog Economismo publicado por el diario El País 

El abultado déficit en el comercio exterior soportado en 2008 (-9,6% del PIB) era la demostración del grado de debilidad del tejido productivo español después de un largo ciclo expansivo (1996-2008). El hecho de importar productos extranjeros en una cantidad muy superior a los eramos capaces de exportar implicaba una transferencia de renta al exterior reflejada en una creciente deuda que ha llegado al billón de euros, más o menos, el valor de la producción nacional en un año. 


Era imprescindible acabar con esa insostenible e indeseable situación, primero porque no debíamos endeudarnos más y además tampoco nos prestaban, pero además porque las medidas de acicate de nuestra demanda interna no eran efectivas al finalizar en manos de terceros el esfuerzo fiscal que en cambio aumentaba nuestra deuda en circulación.


Después de un imponente esfuerzo realizado por la población española, de unos más que de otros como he mencionado, ha permitido no solo alcanzar un equilibrio sino incluso un muy saludable superávit en 2013 (1,4 % del PIB). Significa que hemos pasado de transferir a terceros países casi 10 euros por cada 100 de producción anual (producto interno) a que sean ellos quienes nos realizan una transferencia adicional de 1,5 por cada 100 en los que aumenta nuestra producción (que es a la vez nuestra renta anual). 

Muchas han sido las críticas realizadas por algunos opinadores sobre las políticas aplicadas para cerrar ese agujero negro pero cuando no tienes el suficiente tejido productivo de calidad para competir por preferencias de los compradores, es decir, en los escalones superiores del valor añadido, no te queda más remedio que hacerlo mejorando la situación comparada de los precios de tus productos de manera que puedas vender más al exterior y disminuir las importaciones en aquellos bienes y servicios en los que los productos españoles vuelvan a ser apetecibles por precios. Para conseguirlo es obligado reducir la remuneración de los factores que participan en el proceso productivo, trabajadores y empresas. Otra cosa diferente es como de equilibrado sea el reparto. 


La salida de la recesión con todavía pequeñas mejoras en la actividad económica está acompañada de un aumento de la demanda de bienes con más valor añadido, fundamentalmente asociados a procesos de inversión o de ampliación de la producción en algunos sectores con mucha dependencia del exterior en los productos intermedios como el el automóvil. El aumento de las importaciones de bienes en lo que llevamos de años (+6,2% nominal) superior al de las exportaciones (+3,1% nominal) lleva aparejado un deterioro del saldo comercial (-2% del PIB) pero el empeoramiento de la balanza comercial y la rémora de los intereses a pagar a terceros por la elevada deuda (-1,6% del PIB) en la que se apoyó el anterior ciclo expansivo, puede ser compatible con alcanzar un saldo ligeramente positivo en la balanza por cuenta corriente en 2014 (alrededor del 1% del PIB extrapolando a todo el ejercicio los datos hasta abril), sobre todo gracias al abultado superávit del componente de servicios donde se incluye el turismo.


En todo caso, conviene recordar que de mantenerse durante el presente ejercicio la conducta del primer cuatrimestre, el total de exportaciones de bienes y servicios ha aumentado el 26,4% nominal sobre la cantidad de 2008; una mejora que parece lógico asociar con una sensible mejora en la cuota de mercado en el exterior. Su crecimiento explica dos terceras partes de la mejora en el saldo con el exterior (68% del total), mientras que la disminución de las importaciones es responsable del resto (32% del total).





La pregunta a responder es qué se debe hacer para no desperdiciar el enorme esfuerzo realizado y configurar un modelo productivo más equilibrado entre el componente interno y externo que nos aleje de la debilidad histórica mostrada por la economía española. 


Para valorar la actual situación y las nuevas posibilidades de política económica que se abren, hay que incluir una reflexión fundamental, el proceso de equilibrio de la balanza de pagos ha sido un ejercicio de supervivencia de la economía española; titánico pero esencial para poder enfrentarnos al futuro con unas mínimas posibilidades de mejora. No comparto los juicios que olvidan esta variable cuando realizan sus análisis, de igual forma me parecen parciales aquellos que olvidan las causas que obligaron a realizar el durísimo proceso de ajuste. De igual forma, para valorar en su justa medida las posibilidades, hay que tener en cuenta el contexto en el que se mueve la economía española, la Zona Euro, con sus ventajas e inconvenientes. Se puede y se debe pelear por mejorar las ventajas del proyecto europeo, para  en caso de no conseguir los cambios pretendidos a corto plazo hay que tener un plan B, y si se opina que pasa por la salida de España de la moneda única, es obligatorio exponer a la opinión pública todos los detalles de este escenario alternativo, sin olvidar valorar en su justa medida los riesgos y desventajas en los que se incurre. El abandono de la Zona Euro no es mi opción porque creo que la ventaja inicial de devaluar la moneda se diluye en un corto periodo de tiempo si no se acompaña de una muy rigurosa política de rentas. En la práctica una devaluación interna que lleva acompaña los esfuerzos que ya conocemos, pero en esta ocasión estaría acompañada con total seguridad de una fuerte subida de los tipos de interés y una pérdida de confianza de los inversores internacionales que obligaría a intensificar incluso el calendario de consolidación fiscal. 

Para mejorar la producción y la renta creada hay que combinar las posibilidades a corto plazo (precios) con las mejoras a largo plazo (valor añadido). Los campos de actuación de la política económica son muchos pero en esta entrada me concentraré en algunos. A corto plazo es muy importante alanzar una moderación en el crecimiento de las rentas para como mínimo mantener las mejoras conseguidas en cuota de mercado externa e interna, pero con una distribución más equilibrada del esfuerzo entre trabajadores y empresa. No hay necesidad de volver a incurrir en pérdidas de poder adquisitivo a nivel agregado. A medio y largo plazo hay que mejorar las inversiones para aumentar el valor añadido de los productos en un entrono más empresas medianas que se han demostrado con mucha más capacidad de producir mejores bienes y servicios gracias a inversiones mejores  y más sostenidas en el tiempo. Entre las políticas de oferta debería jugar un papel central un cambio en la negociación colectiva que realmente se centre en conseguir la flexibilidad interna en salarios y condiciones de trabajo, a cambio de estabilidad en el empleo y mayores inversiones buscando la consolidación de los proyectos empresariales. 

No hay milagros pero hay opciones incluso cuando se soporta la mochila de una deuda un desequilibrio fiscal excesivos. Cuánto bien nos haría una disminución significativa del fraude fiscal. 


Además de nuestro esfuerzo, la ayuda de un tipo de cambio del euro menos potente le vendría muy bien a la economía española, al igual que un poco más de actividad en los países centrales que además de aumentar la demanda agregada europea, les provoque al menos una inflación del 2%.

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