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viernes, 6 de enero de 2023

Afiliación a la Seguridad Social en 2022: Más empleo por cambios generados por la pandemia (afloramiento economía sumergida y nuevos servicios) y disminución de la temporalidad por reforma laboral

Una parte sustancial de esta entrada está publicada por FEDEA (aquí)


Afiliados por regímenes de cotización y actividades productivas


La Seguridad Social facilita el número de relaciones laborales que figuran en alta en la Seguridad Social con la denominación de afiliados en alta laboral (media mensual y final de mes) (aquí) es decir, no recoge el número de personas afiliadas en cada mes.


El año 2022 finaliza con casi 20,3 millones de afiliaciones en alta, lo que significa 471.359 más sobre las del mismo mes del año anterior.


Analizando el último año en su conjunto, el comportamiento de la afiliación ha sido positivo con un crecimiento medio anual del 3,9% (+750.358 afiliaciones), alcanzando el punto más alto de la serie histórica (20,3 millones de afiliaciones en diciembre). El porcentaje de crecimiento de las afiliaciones, sin embargo, ha sido inferior a la tasa anual de crecimiento del PIB (en torno al 5% real) y la tasa anual de crecimiento de la afiliación, no obstante, se ha ido desacelerando a medida que transcurría el año, finalizando con casi la mitad de dinamismo con el que lo empezó (tasa anual de 4,2% en enero y 2,4% en diciembre).


La mayor parte del aumento en las afiliaciones en el último ejercicio se localizan en el Régimen General de Asalariados (+765.491,1), mientras que el Régimen Agrario y el de Empleados de Hogar han reducido su número (-35.064 y -6.887 respectivamente). El Régimen de Trabajadores Autónomos (RETA) aumentaba también su número respecto al año anterior, aunque de manera muy ligera (+25.894)


Gráfico 1

Gráfico 2


Elaboración propia a partir de datos de la Seguridad Social


Si bien el empleo ha estado bastante protegido por los ERTEs desde el inicio de la pandemia, el impacto del Covid19 en la actividad económica ha sido durante los años 2020 y 2021 intenso, aunque desigual por periodos. Por este motivo puede ser más interesante comparar los datos de 2022 con los de 2019, el último año prepandemia puede reflejar mejor el comportamiento del mercado laboral durante el año pasado. La evolución entre estos dos años utilizando la media anual, es positiva: +4,3% (+829.849 afiliaciones), si bien el resultado alcanzado es inferior al supuesto de haber mantenido el ritmo del periodo 2013-2019 (20,1 vs 20,7 millones) 


La distribución del incremento por regímenes es similar a la observada el último año. La mayor parte del aumento está explicada por el Régimen General (+850.913) y en menor medida por el RETA (+65.256), mientras que han reducido su afiliación el Régimen Agrario y el de Empleados de Hogar (-57.666 y -26.484). Siendo cierto que las condiciones climatológicas han penalizado la actividad agrícola, también lo es que en estas dos actividades la presencia de contratos con el Salario Mínimo Interprofesional es más intensa. 


Gráfico 3


Elaboración propia a partir de datos de la Seguridad Social


La mayor parte del incremento de las afiliaciones sobre 2019 se localizan en el sector privado (541.980; 65% del total) aunque la presencia del sector público también es muy significativa (+287.869; 34,7% del total), en su mayor parte localizada en las comunidades autónomas (+219.771) quienes absorben el 76,3% del incremento por las contrataciones básicamente en sanidad y educación.

 

Gráfico 4



Elaboración propia a partir de datos de la Seguridad Social


La distribución del aumento de afiliaciones por sectores de actividad sitúa en primer lugar el de actividades sanitarias y servicios sociales (+180.115; 19,6% del total). Destaca también el de educación (+99.811; 10,8% del total) y el de Administración Pública, defensa y seguridad Social (+93.740; 10,2% del total). Estos sectores en los que la presencia del sector público es muy elevada absorbieron casi el 40 por ciento del mayor número de afiliaciones en este periodo.


Sorprenden, no obstante, por su dinamismo los sectores de Actividades profesionales, científicas, técnicas (+96.894; 10,5% del total), el de Información y comunicaciones (+105.362; 11,4% del total) y el de Transporte y almacenamiento (+57.803; 6,3% del total. Dentro de los sectores más tradiciones, le acompaña en la dinámica positiva de crecimiento el de la construcción (+83.339; 9% del total), y a diferencia de lo habitual por su presencia estructural en la economía española, tienen muy poco peso en el incremento la hostelería (+24.615; 2,7% del total) y el comercio (49.322; 5,4% del total). La industria manufacturera muestra un desempeño reducido, aunque ha elevado el número de afiliaciones (+42.076; 4,6% del total) respecto a 2019.


Afiliaciones por tipo de contratos y duración jornada


La reforma laboral en vigor desde principio del año 2022 (RDL 32/2021) prohíbe, salvo condiciones muy excepcionales, la contratación temporal. Su aplicación, por tanto, ha modificado bastante la distribución de afiliaciones por tipos de contrato. 


Gráfico 5

Elaboración propia a partir de datos de la Seguridad Social


Si se considera 2019 el último año con un comportamiento normal antes de la aparición de la pandemia, parece lógico utilizar este año como referencia para evaluar los cambios que se han producido durante 2022. La comparación (mes de diciembre) muestra una muy significativa disminución del número de afiliaciones con contrato temporal (-1.913.629; -44,9% de los existentes) y un fuerte aumento de la contratación indefinida (+2.714.415; +29% de la cantidad inicial) incluyendo las transformaciones de contratos y el incremento neto de afiliaciones. El mayor número de contratos indefinidos se localiza en el apartado de tiempo completo (1.611.099), le sigue el contrato indefinido a tiempo parcial (626.399) y el contrato fijo-discontinuo (47.6.916).


Este último tipo de contrato muestra una tendencia al alza a medida que avanza el último año, de forma que ha aumentado desde los 266.000 en media del periodo 2005-2019 a los 833.647 en alta en diciembre de 2022, un incremento de más de medio millón. A pesar de esta evolución el contrato fijo-discontinuo explicaba tan solo el 7% de la contratación indefinida en diciembre de 2022.


Tabla 1


A la espera de comprobar su efecto en la cantidad y calidad del empleo, el uso de este contrato sí incide en el registro de parados del SEPE dado que con independencia de su situación laboral (alta o baja en la Seguridad Social al estar en activo o en espera de llamamiento) nunca se les considera como parados. La metodología de encuadramiento como ocupado en búsqueda de empleo en el periodo de no inactividad no se ha modificado, pero el fuerte incremento en el número de personas con este tipo de contrato puede reducir la cantidad de personas registradas como paradas en el SEPE, dado que en la situación anterior en la que se utilizaba profusamente la contratación temporal, se les incluía como desempleados cuando no estaban trabajando.


La nueva estructura de distribución por tipos de contrato de las afiliaciones en el Régimen General de Asalariados refleja una disminución 13,8 puntos porcentuales de las afiliaciones con contrato temporal (de 28,6% a 14,8% del total) y un incremento de 13,5 puntos porcentuales de las afiliaciones con contrato indefinido (de 62,8% a 76,3% del total). Los contratos indefinidos a tiempo completo han mejorado en 7,3 puntos porcentuales (de 49,2 a 56,5% del total), los indefinidos a tiempo parcial han aumentado su protagonismo en 3,3 puntos porcentuales (de 11,2 a 14,5% del total) y los fijos-discontinuos 2,9 puntos porcentuales (de 2,4 a 5,3% del total). Los contratos de formación y prácticas y los recogidos en capítulo de otros completan la tipología de contratos (0,7% y 8,2% respectivamente en diciembre de 2022)


tabla 2


Las modificaciones normativas introducidas no han incidido en la distribución de la contratación por duración de la jornada, que se mantiene en 2022 prácticamente igual a la existente en 2019: disminuye muy ligeramente la contratación a tiempo completo (67,2% vs 68,4%) y también la de tiempo parcial (24% vs 24,3%), aumenta el capítulo de otros (8,1% vs 7,4%)


Tabla 3


Conclusiones


Los datos de afiliación a la Seguridad Social publicados por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social e Inmigración correspondientes al año 2022 permiten alcanzar algunas conclusiones sobre su composición, evolución anual y su comparación con los correspondientes a 2019, el año anterior al inicio de la pandemia provocada por el Covid19: 


* La evolución de las afiliaciones en 2022 ha sido favorable, si bien se observa una tendencia de desaceleración de la creación de empleo en la segunda parte del ejercicio. 

 

* La situación del mercado laboral ha mejorado en 2022 comparándola con la posición anterior a la pandemia (2019). El sector privado explica el 65,3% del incremento anual de las afiliaciones (media anual) y el sector público el restante 34,7%, muy concentrado en las comunidades autónomas. 

 

* La favorable evolución de las afiliaciones en el sector privado y su distribución, con presencia en sectores de actividad no habituales hasta la fecha y reducida en la hostelería y comercio, puede ser explicada por efectos generados por la pandemia. Cabe la posibilidad de haberse ampliado el tejido productivo español a nuevos servicios para diversificar su cantidad y forma de venta (internet y similares) incluida una mayor presencia en el mercado exterior. También es factible que la pandemia haya aflorado una parte de la economía sumergida como consecuencia del fuerte aumento en el uso de tarjetas y la percepción de la necesidad de disponer de contratos laborales para acceder a las prestaciones sociales. 

 

* Como es lógico con una norma que prohíbe la contratación temporal, se ha producido una reducción significativa de la tasa de temporalidad con un aumento del número de contratos indefinidos, en especial, a tiempo completo. Se necesita, no obstante, más tiempo para realizar una valoración fiable sobre el impacto de la reforma laboral en la calidad de la contratación y el empleo agregado. Dado que es complicado que en tan poco tiempo se haya producido un cambio estructural del tejido productivo español, es necesario analizar con detalle el grado de rotación de los contratos indefinidos y el número de contratos firmados por cada afiliado, para comprobar el grado de temporalidad real del mercado laboral. También es necesario observar la evolución del empleo agregado en un momento bajo del ciclo para conocer la influencia de la reforma y de los importantes incrementos del Salario Mínimo Interprofesional.

 

* El fuerte aumento de los contratos fijos-discontinuos hace necesaria una adecuación de la información facilitada por el SEPE para medir adecuadamente el paro registrado, diferenciando los afiliados con contrato fijo-discontinuo que estén inactivos, es decir, a la espera de ser llamados y ser dados de alta en la Seguridad Social.

 

* Sería de gran ayuda disponer de una serie mensual diferenciando el número de afiliaciones del número de afiliados a la Seguridad Social, para así conocer las personas que mantienen más de una relación laboral en cada momento (pluriempleo o pluriactividad)



 

 

 

viernes, 11 de julio de 2014

¿es preocupante el crecimiento de las importaciones?

Esta entrada es una ampliación de mi opinión recogida en el blog Economismo publicado por el diario El País 

El abultado déficit en el comercio exterior soportado en 2008 (-9,6% del PIB) era la demostración del grado de debilidad del tejido productivo español después de un largo ciclo expansivo (1996-2008). El hecho de importar productos extranjeros en una cantidad muy superior a los eramos capaces de exportar implicaba una transferencia de renta al exterior reflejada en una creciente deuda que ha llegado al billón de euros, más o menos, el valor de la producción nacional en un año. 


Era imprescindible acabar con esa insostenible e indeseable situación, primero porque no debíamos endeudarnos más y además tampoco nos prestaban, pero además porque las medidas de acicate de nuestra demanda interna no eran efectivas al finalizar en manos de terceros el esfuerzo fiscal que en cambio aumentaba nuestra deuda en circulación.


Después de un imponente esfuerzo realizado por la población española, de unos más que de otros como he mencionado, ha permitido no solo alcanzar un equilibrio sino incluso un muy saludable superávit en 2013 (1,4 % del PIB). Significa que hemos pasado de transferir a terceros países casi 10 euros por cada 100 de producción anual (producto interno) a que sean ellos quienes nos realizan una transferencia adicional de 1,5 por cada 100 en los que aumenta nuestra producción (que es a la vez nuestra renta anual). 

Muchas han sido las críticas realizadas por algunos opinadores sobre las políticas aplicadas para cerrar ese agujero negro pero cuando no tienes el suficiente tejido productivo de calidad para competir por preferencias de los compradores, es decir, en los escalones superiores del valor añadido, no te queda más remedio que hacerlo mejorando la situación comparada de los precios de tus productos de manera que puedas vender más al exterior y disminuir las importaciones en aquellos bienes y servicios en los que los productos españoles vuelvan a ser apetecibles por precios. Para conseguirlo es obligado reducir la remuneración de los factores que participan en el proceso productivo, trabajadores y empresas. Otra cosa diferente es como de equilibrado sea el reparto. 


La salida de la recesión con todavía pequeñas mejoras en la actividad económica está acompañada de un aumento de la demanda de bienes con más valor añadido, fundamentalmente asociados a procesos de inversión o de ampliación de la producción en algunos sectores con mucha dependencia del exterior en los productos intermedios como el el automóvil. El aumento de las importaciones de bienes en lo que llevamos de años (+6,2% nominal) superior al de las exportaciones (+3,1% nominal) lleva aparejado un deterioro del saldo comercial (-2% del PIB) pero el empeoramiento de la balanza comercial y la rémora de los intereses a pagar a terceros por la elevada deuda (-1,6% del PIB) en la que se apoyó el anterior ciclo expansivo, puede ser compatible con alcanzar un saldo ligeramente positivo en la balanza por cuenta corriente en 2014 (alrededor del 1% del PIB extrapolando a todo el ejercicio los datos hasta abril), sobre todo gracias al abultado superávit del componente de servicios donde se incluye el turismo.


En todo caso, conviene recordar que de mantenerse durante el presente ejercicio la conducta del primer cuatrimestre, el total de exportaciones de bienes y servicios ha aumentado el 26,4% nominal sobre la cantidad de 2008; una mejora que parece lógico asociar con una sensible mejora en la cuota de mercado en el exterior. Su crecimiento explica dos terceras partes de la mejora en el saldo con el exterior (68% del total), mientras que la disminución de las importaciones es responsable del resto (32% del total).





La pregunta a responder es qué se debe hacer para no desperdiciar el enorme esfuerzo realizado y configurar un modelo productivo más equilibrado entre el componente interno y externo que nos aleje de la debilidad histórica mostrada por la economía española. 


Para valorar la actual situación y las nuevas posibilidades de política económica que se abren, hay que incluir una reflexión fundamental, el proceso de equilibrio de la balanza de pagos ha sido un ejercicio de supervivencia de la economía española; titánico pero esencial para poder enfrentarnos al futuro con unas mínimas posibilidades de mejora. No comparto los juicios que olvidan esta variable cuando realizan sus análisis, de igual forma me parecen parciales aquellos que olvidan las causas que obligaron a realizar el durísimo proceso de ajuste. De igual forma, para valorar en su justa medida las posibilidades, hay que tener en cuenta el contexto en el que se mueve la economía española, la Zona Euro, con sus ventajas e inconvenientes. Se puede y se debe pelear por mejorar las ventajas del proyecto europeo, para  en caso de no conseguir los cambios pretendidos a corto plazo hay que tener un plan B, y si se opina que pasa por la salida de España de la moneda única, es obligatorio exponer a la opinión pública todos los detalles de este escenario alternativo, sin olvidar valorar en su justa medida los riesgos y desventajas en los que se incurre. El abandono de la Zona Euro no es mi opción porque creo que la ventaja inicial de devaluar la moneda se diluye en un corto periodo de tiempo si no se acompaña de una muy rigurosa política de rentas. En la práctica una devaluación interna que lleva acompaña los esfuerzos que ya conocemos, pero en esta ocasión estaría acompañada con total seguridad de una fuerte subida de los tipos de interés y una pérdida de confianza de los inversores internacionales que obligaría a intensificar incluso el calendario de consolidación fiscal. 

Para mejorar la producción y la renta creada hay que combinar las posibilidades a corto plazo (precios) con las mejoras a largo plazo (valor añadido). Los campos de actuación de la política económica son muchos pero en esta entrada me concentraré en algunos. A corto plazo es muy importante alanzar una moderación en el crecimiento de las rentas para como mínimo mantener las mejoras conseguidas en cuota de mercado externa e interna, pero con una distribución más equilibrada del esfuerzo entre trabajadores y empresa. No hay necesidad de volver a incurrir en pérdidas de poder adquisitivo a nivel agregado. A medio y largo plazo hay que mejorar las inversiones para aumentar el valor añadido de los productos en un entrono más empresas medianas que se han demostrado con mucha más capacidad de producir mejores bienes y servicios gracias a inversiones mejores  y más sostenidas en el tiempo. Entre las políticas de oferta debería jugar un papel central un cambio en la negociación colectiva que realmente se centre en conseguir la flexibilidad interna en salarios y condiciones de trabajo, a cambio de estabilidad en el empleo y mayores inversiones buscando la consolidación de los proyectos empresariales. 

No hay milagros pero hay opciones incluso cuando se soporta la mochila de una deuda un desequilibrio fiscal excesivos. Cuánto bien nos haría una disminución significativa del fraude fiscal. 


Además de nuestro esfuerzo, la ayuda de un tipo de cambio del euro menos potente le vendría muy bien a la economía española, al igual que un poco más de actividad en los países centrales que además de aumentar la demanda agregada europea, les provoque al menos una inflación del 2%.

sábado, 1 de marzo de 2014

Se necesitan más empresas medianas en España

La poca dimensión de un porcentaje demasiado grande las empresas es una de las principales limitaciones que afronta la economía española para mejorar su productividad y crear empleo menos frágil en los momento malos del ciclo. Seguro que hay otras barreras pero la principal es la poca atracción de la población española hacia la actividad empresarial y la gran aversión al riesgo de los empresarios que se concreta en la elección de proyectos a muy corto plazo (en muchos casos con garantía de acceso a la demanda) y el rechazo a tomar decisiones de inversión cuando se adquiere una determinada dimensión, como por ejemplo la ampliación de capital propio de la empresa.

El mayor déficit del tejido productivo español no está tanto en tener grandes empresas, que las hay y con posición transnacional, sino empresas de tamaño medio con plantillas entre 250 y 500 trabajadores. Conseguir este tipo de empresas, las que muestran mayores tasas de inversión en I+D+i y más productividad, debe ser un objetivo central de la política económica y de la sociedad española. 

El principal instrumento debe ser mejorar la información sobre las posibilidades de mercado nacional e internacional, facilitar una financiación distinta al crédito bancario y profundizar la negociación colectiva para alcanzar una posición más cooperativa entre empresa y trabajadores que reduzca el riesgo de supervivencia del proyecto empresarial mediante la flexibilidad interna y garantice una mayor cualificación de los trabajadores en un entorno de más estabilidad en el empleo y remuneración adecuada a la situación de la empresa. Nada de ésto funcionara si no hay un cambio cultural muy profundo, entre las que destaca la cualificación de empresarios y trabajadores.

jueves, 6 de febrero de 2014

Cambios en la composición de la producción española en la crisis

La dramática evolución de la economía española desde el inicio de la crisis, en especial por el aumento de personas en desempleo, impulsa el intento de identificar por lo menos a grandes rasgos los cambios sufridos por el tejido productivo, con el propósito de ayudar a buscar soluciones que faciliten una mejora de la situación. La entrada anterior en el blog concentraba su atención en la amplia diferencia entre la destrucción de empleo y la caída de la producción desde 2008 y señalaba la influencia de un efecto sustitución entre sectores provocado por la pérdida del excesivo peso de la construcción.

Después de su publicación se me han ocurrido nuevas ideas de estudio para conocer más la actual situación. Creo que para hacerse una idea de cómo funcionan las cosas ahora merece la pena conocer la evolución de los grandes agregados (consumo e inversión), al igual que del saldo con el exterior tomando un periodo más amplio que la simple coyuntura. También puede ayudar saber cómo han evolucionado las diferentes ramas de actividad ante la crisis porque esa estructura condiciona la posibilidad de generar nuevos puestos de trabajo. Además, considero de especial importancia la magnitud de las cosas en el análisis económico, algo que se ha comprobado en la actual crisis que no se puede entender sin entender la dimensión de la deuda acumulada. Con este propósito mientras preparaba la próxima clase que trata precisamente de la oferta productiva española, me ha parecido interesante observar la evolución de la composición del producto nacional (renta) en la etapa 2008-2013 desde los grandes componentes de oferta y demanda (previsión para 2013 a partir de información conocida a fecha de hoy).

Una primera cuestión que salta a la vista es la abultada diferencia de comportamiento de la construcción al analizarse desde la demanda (inversión) al casi duplicar su caída respecto a la perspectiva de oferta, es decir, cuando se mide su incidencia en la producción nacional (-116.146 millones de euros frente a -61.326). Se me ocurren dos explicaciones: las importaciones asociadas a las obras de construcción y los elevados precios finales de venta de las viviendas en el componente residencial. Esta gran diferencia, de paso puede ayudar a explicar la disminución de la remuneración de los asalariados durante la etapa expansiva al haber correspondido una parte de la renta a operaciones inmobiliarias que no tenían nada que ver con la producción física del bien vivienda (donde trabaja la gente). 
 
De todos modos con independencia de las causas, conviene destacar que el derrumbe de la inversión en construcción explica las tres cuartas partes de la caída de la demanda interna española en la etapa 2008-2013 (73% del total de -158.990 millones de euros), con un muy inferior protagonismo del resto de las inversiones que caen poco más de una décima parte que las dirigidas a la construcción ya sea civil o residencial (-15.218 millones de euros).


Similar evolución se observa en el consumo nacional que aunque tiene un descenso más acentuado (-22.753 millones de euros) es cinco veces menor a la caída de la inversión en construcción. El ochenta por ciento de la disminución del consumo se concentra en el componente privado (-18.209 millones de euros), mientras que el público se ha reducido significativamente menos en el conjunto del periodo (-4.053 millones de euros) aunque este resultado sea consecuencia de un ir y venir bastante más acusado que el  observado en el componente privado. Me explico, entre 2008 y 2010 el consumo público aumentó significativamente (+12.508 millones de euros), en 2011 más o menos se mantuvo, para después caer en picado en los dos años siguientes dentro de la intensificación del proceso de disminución del déficit público.

En definitiva tomando en cuenta el valor absoluto de los distintos componentes de la demanda nacional, el derrumbe de las inversiones en construcción consecuencia del pinchazo de la burbuja de precios en la vivienda residencial, la desaparición del abundante y fácil recurso al crédito y la paralización de la obra civil para reducir el también abultado déficit público que llegó al -11,2% del PIB en 2009, es la causa principal del hundimiento de la demanda interna. Hay que calificar casi de milagro la evolución del consumo en esta etapa cuando se han destruido 3,6 millones de ocupaciones aunque la explicación se puede encontrar en la caída de la tasa de ahorro de las familias en 3,4 puntos del PIB (del 8,8% al 5,4% del PIB), es decir, una pérdida de más de una tercera parte del ahorro anual que tenían antes de comenzar la crisis.


La pérdida final de producción (y de renta) de la economía española (-62.829 millones de euros) se ha limitado a menos de la mitad de lo que indica la demanda interna  gracias al magnífico comportamiento del sector exterior (la mejora asciende a 90.358 millones de euros), más por el aumento de las exportaciones (+62.531 millones de euros) que por la disminución de importaciones (-28.007 millones de euros), es decir, a pesar de quien se empeña en ignorar este dato, la mejora en la capacidad de vender nuestros productos al exterior explica el 69% del cambio en el saldo con el exterior que había alcanzado un insostenible signo negativo en 2008 (-5,8% del PIB).

De hecho, el desequilibrio con el exterior era la principal vía de agua de la economía española que mantenía una tasa artificial de crecimiento anual gracias a la acumulación de deuda con terceros que, por otra parte, nos financiaban generosamente en un ejercicio poco prudente de gestión de su riesgo. La crisis financiera aceleró el proceso de cambio al cerrar las vías de financiación y obligar a España a encontrar una posición más equilibrada que se concreta gracias al ingente esfuerzo realizado, más por unos que por otros, en un superávit en la balanza de bienes y servicios del 3% del PIB en 2013.

La observación de la evolución de la oferta productiva española durante la crisis, es decir desde donde se produce, también nos enseña cosas interesantes. La caída en la producción en la etapa 2008-2013 (-62.829 millones de euros) es consecuencia de la mala evolución de algunos sectores pero también de la  mejora en otros. El peor comportamiento, muy lejos del resto, corresponde a la producción del sector constructor (-61.326 millones de euros) aunque recuerdo que no es la mitad de malo que la inversión en construcción, seguida de las actividades financieras (-15.878 millones de euros) en lógica con la sobrecapacidad acumulada en la burbuja (construcción de casas, obra civil no siempre justificada por la necesidad o la oportunidad y muchos préstamos bancarios). Pero también ha respondido mal ante la crisis el valor nominal de la industria manufacturera (-14.019 millones de euros). Aunque resulte raro, es compatible un menor valor de la producción con un incremento de sus exportaciones en el caso de haber utilizado una bajada del precio de los productos para mejorar la cuota de mercado en el exterior (acentuada por la apreciación del tipo de cambio de euro) que cubra la disminución interna de ventas y, de esta forma mantener o incluso aumentar el número de unidades producidas. No se puede comprobar pero cabe pensar que de no haber reaccionado de esa forma, la pérdida en el valor de la producción de la industria manufacturera hubiera sido mayor y también la destrucción de empleo (análisis contrafactual). A la vez, también es posible pensar que los precios utilizados en el mercado nacional en la época de vino y rosas eran excesivamente altos sin señalar  donde estaba la causa (salarios/beneficios).

Volviendo a las magnitudes, la mala evolución en el valor de estas tres ramas de actividad supera el descenso del valor total de la producción (-91.223 millones de euros). No ha sido así porque ha crecido el valor de la producción del comercio, hostelería y transporte (+10.356 millones de euros), los bienes y servicios producidos por las administraciones públicas (+4.487 millones de euros) y las actividades artísticas, recreativas y de entretenimiento (+3.800 millones de euros).

Hay otras dos ramas de actividad que han aumentado su valor nominal pero que por diferentes razones necesitan un análisis específico. La producción de energía eléctrica y distribución de gas ha mejorado su valor nominal en esta etapa (+6.954 millones) pero es conocido que la mayor parte se debe a un fuerte incremento en su precio e, injustificado siguiendo las leyes del mercado, a la vista de la reducción de la oferta durante con la crisis. El valor nominal de las actividades inmobiliarias también ha crecido bastante (+9.269 millones de euros) pero en este caso se trata de una renta imputada a la vivienda en propiedad que mayoritariamente tenemos los españoles, es decir que aunque cumpla su función estadística, en la práctica es una producción ficticia.

No es demasiado arriesgado realizar un cálculo sin estos dos últimos epígrafes que ampliaría en un 2% el descenso de la producción nacional medido en términos nominales (del -5,7% al -7,7%).  La influencia de estas dos ramas de actividad sobre el empleo es diminuta porque el primero es muy intensivo en capital, es decir, tiene pocos empleados y, por tanto, una productividad por empleo disparada, y el segundo, como es obvio, no emplea a nadie.


La estructura del tejido productivo español se ha deshecho del excesivo peso del sector constructor y mantiene la pérdida de peso de la industria manufacturera aunque en un porcentaje inferior (- 0,6% en 2008-2013) que el soportado desde 1985 (ha bajado del 25,7% al 13,2% del PIB). A cambio engorda la rama de comercio, hostelería y transporte (gana 2,6%), el sector de administraciones públicas (+1,6%), actividades artísticas y recreativas (+0,6%) y actividades profesionales (+0,4%). Por supuesto gana posiciones las actividades inmobiliarias (+1,6%) si bien buena parte de los cambios están influenciados por el efecto composición que genera el severo descenso de la construcción.

A pesar de las mejoras conseguidas para competir con terceros y el avance en productividad por hora trabajada –en su mayor parte consecuencia de la destrucción de ocupación-, el panorama no es muy favorable para hacer frente al principal objetivo de la sociedad española: crear empleo. En esta situación conviven dos tipos de propuestas, la que aboga por una expansión de la demanda y quienes consideran necesario profundizar en las políticas de oferta –léase menores salarios aunque estas políticas dan mucho más de sí-. Las primeras se enfrentan a serias restricciones que van desde la poca aceptación de su propuesta de los países con fundamentos macro más sanos, a la necesidad de sanear las cuentas públicas pasando por la posibilidad de volver a incurrir en déficits en la balanza de pagos que nadie financia. Las segundas pueden no funcionar cuando no se alcanza el necesario encadenamiento de decisiones (↓rentas;↓precios, ∆inversión, ∆empleo) además de tener el peligro de generar una redistribución de renta en contra de los más débiles. Ambas propuestas están penalizadas por el exceso de deuda (privada y pública) y el insuficiente ahorro nacional. Con estos condicionantes, se trata de encontrar la mejor alternativa dentro de los estrechos márgenes. Me da por pensar que un mayor consenso en la sociedad ayudaría bastante en el intento.  

Una reforma de pensiones desequilibrada que traspasa muchas cargas a las siguientes generaciones

He elaborado un largo artículo (26 páginas) sobre la reciente reforma de las pensiones realizada en el marco del cumplimiento del componente...